Enrique Jiménez
El pasado puente, yo,unos amigos y nuestras respectivas parejas decidimos ir a pasar el fin de semana al Baztán, desde la otra punta de Navarra, La Ribera, mas que nada por romper un poco la rutina en la que nos está sumiendo este año tan “peculiar”. Las previsiones nos anticipaban un tiempo frío y lluvioso, por lo que dispusimos un programa acorde a esas circunstancias, pero a lo que no estábamos preparados, y nos pilló a todos agradablemente por sorpresa, fue el trato recibido en el lugar donde nos hospedamos, CASA SANTAMARIA.
La perpetua sonrisa de Paula, el trato franco y afable de Antxón y los desvelos del resto de la familia en cocinas por cumplir cada una de nuestras peticiones cada vez que volvíamos de una de esas excursiones con el cuerpo aterido de frío han hecho que desde el primer minutos nos sintiésemos como en casa, MUY MUY COMODOS.
Llegó el domingo después de comer, y no queda mas que pagar y despedirse de nuestros anfitriones. No tengo más que echar un vistazo a cualquiera de mi grupo, a sus caras de relax y satisfacción, a esos cinturones un par de agujeros más flojos que el día de llegada para convencerme de que de esas dos cosas pendientes, va a ser mucho mas dolorosa la segunda que la primera. OJALÁ FUESE ASÍ SIEMPRE.
